

Derogación del Aislamiento Penitenciario: Una Necesidad Urgente
La soledad no deseada puede cambiar fundamentalmente la salud mental y emocional de una persona y, cuando se convierte en aislamiento, puede deshumanizarla. En el caso del aislamiento penitenciario, el impacto va más allá de los cambios psicológicos y puede incluso destruir a una persona.
El 29 de noviembre, varias organizaciones de la sociedad civil celebraron una conferencia sobre el aislamiento penitenciario. Es el resultado de una campaña que ha durado 4 años. La reunión concluyó que estas reglas de vida no sólo son incompatibles con los principios establecidos en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, las Reglas Mandela, las Reglas de Bangkok y las Normas Penitenciarias Europeas, sino que también constituyen una grave violación de la dignidad humana. Al encuentro asistieron médicos, abogados y representantes de organismos internacionales que luchan por la abolición de este régimen en España y Europa.
Uno de los puntos clave tratados en el encuentro fue el grave daño psicológico que puede causar el estar encerrado durante mucho tiempo provoca en las personas. El cortar y romper relaciones, así como el que sepan que has estado encerrado, conllevan consecuencias emocionales que acostumbran a ser irreversibles. Estos efectos psicológicos se ven exacerbados aún más por graves consecuencias físicas, como parálisis muscular y pérdida prolongada de la visión, el olfato y la audición. Esta situación afecta especialmente a las personas que, según los últimos datos, se encuentran en cuarentena en prisiones o en aislamiento temporal por sanciones o restricciones reglamentarias.
El sistema de cuarentena conlleva una serie de restricciones que tienen un grave impacto sobre los presos. El tiempo de recreo es limitado (de 2 a 4 horas diarias, hasta 6 horas en algunas zonas como Cataluña), al igual que el contacto con otros presos. También se realizan múltiples registros diariamente y cambios constantes de habitación, además de restricciones sobre artículos personales, comer solo y contacto limitado con el personal y los huéspedes. La comunicación con el mundo exterior también es muy limitada y está prohibida la participación en actividades culturales, deportivas y espirituales. La falta de contacto humano y la estimulación daña gravemente la salud física y mental de los afectados, creando una condición irreversible en la mayoría de los casos. Este régimen promueve el abuso y el desorden, haciendo muy difícil la rehabilitación o reeducación de los presos.
El régimen de aislamiento penitenciario se utiliza como sanción para delitos muy graves, lo que convierte al régimen en una “prisión dentro de una prisión”. Esta práctica va en contra de la recomendación del Comité Europeo contra la Tortura (CPT) de que el régimen de aislamiento penitenciario no debe durar más de 14 días, y del artículo 43 de las Reglas Mandela, que prohíbe el régimen de aislamiento de larga duración (más de 15 días). Sin embargo, el artículo 42.5 de la LOGP y el artículo 236.2 del Código Penal permiten un período máximo de incomunicación de 42 días.
De conformidad con los artículos 10.1 y 15 de la Constitución Española, que garantizan la dignidad humana y la protección básica de los derechos, son protegidos e inhumanos y para evitar tratos degradantes, creemos que el sistema de aislamiento en las prisiones debe ser abolido.
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